En el marco de la octava campaña de excavaciones en el yacimiento archeológico de Casas del Turuñuelo, ubicado en Guareña, Badajoz, se ha realizado un hallazgo de excepcional relevancia: un carro votivo de bronce, datado aproximadamente en 2,500 años, que representa una conexión tangible entre la civilización tartésica y las culturas del Mediterráneo. Esta pieza, catalogada como única en la Península Ibérica, ha sido descubierta en el sector sur del edificio principal del yacimiento, en un área conocida como el pasillo S3, que ha mostrado evidencia de su carácter ritual al encontrarse un altar con forma de piel de toro en excavaciones anteriores.

Aspectos destacados del hallazgo y su contexto histórico

El carro, aunque hallado en un estado incompleto, presenta un significativo nivel de preservación que permite vislumbrar una compleja decoración e ingeniosa tecnología de fabricación. La pieza cuenta con dos ruedas y parte de la caja principal, y su diseño iconográfico es comparable a ejemplares de la antigua Etruria, en Italia. Según Esther Rodríguez, codirectora de las excavaciones y representante del Instituto de Arqueología de Mérida, este descubrimiento se sitúa entre los hallazgos más importantes realizados hasta la fecha en el enclave tartésico, el cual floreció entre los siglos VIII y V antes de Cristo.

El carro votivo no solo es significativo por su calidad estética y técnica, sino también por el rico simbolismo que encierra. Los motivos decorativos incluyen una figura frontal que se ha identificado como Aqueloo, una deidad fluvial común en el arte griego y etrusco, así como dos grifos, criaturas míticas presentes en diversas culturas. Además, la pieza incluye dos figuras masculinas de tipo atlante, que sostienen la caja del carro, lo que aporta un importante valor simbólico al conjunto.

Además del carro, se han encontrado cientos de objetos que evidencian las redes de intercambio que conectaban el yacimiento tartésico con otras culturas del Mediterráneo, como cerámica de la región ática, un recipiente de alabastro egipcio y fragmentos de marfil decorados con motivos de guerreros y elementos tanto vegetales como animales. Estos artefactos son prueba del contacto de la civilización tartésica con diferentes territorios, mostrando su diversidad y complejidad en el comercio. Rodríguez destacó que "la información aportada por estos materiales es crucial para comprender las relaciones comerciales entre Oriente y la península ibérica, resaltando importaciones únicas que permiten una reconstrucción más clara de las redes de intercambio".

La campaña actual se llevó a cabo durante abril y mayo de 2026, concentrándose en los sectores norte y sur de un túmulo que encierran el edificio principal, sellado intencionalmente hacia finales del siglo V a.C. Los hallazgos han permitido documentar espacios anteriormente desconocidos de circulación y habitación, ampliando el entendimiento sobre la arquitectura del complejo tartésico. Este estado de conservación ha sido calificado como excepcional por los arqueólogos, lo que facilita un análisis más exhaustivo del contexto cultural y social de la época.

Perspectivas de investigación futura

El equipo investigador, dirigido por Rodríguez y su colega Sebastián Celestino, ha subrayado la importancia de seguir excavando en el área para desvelar otros aspectos de la vida en el Turuñuelo. Aunque la función social y ritual del carro todavía está en estudio, Celestino sugiere que podría estar vinculado a actividades rituales relacionadas con banquetes, lo que se apoya en la proximidad al llamado "salón del banquete", un espacio que funcionaba como centro de celebración comunitaria en los últimos momentos antes del sellado del edificio. De este modo, el yacimiento de Casas del Turuñuelo sigue revelando su potencial como un importante punto de referencia para entender la complejidad de las interacciones culturales y comerciales en la antigua Tarteso.