La búsqueda del sentido en el liderazgo se plantea como un ejercicio vital que trasciende las decisiones estratégicas y financieras dentro de una organización. En este contexto, la obra de Viktor Frankl, 'El hombre en busca de sentido', proporciona un marco reflexivo valioso para aquellos en posiciones de liderazgo. Este clásico, que surgió tras una de las experiencias más extremas del siglo XX, promueve la idea de que entender el 'por qué' de nuestras acciones puede ser decisivo en la manera en que se dirige un equipo.
El propósito como brújula en la alta dirección
Los líderes enfrentan con frecuencia una interrogante crítica: ¿cuál es el propósito de lo que hacemos? Este cuestionamiento, aunque personal y profundo, encuentra su reflejo en las decisiones cotidianas dentro de cualquier organización. Es evidente que el propósito no solo define la forma de gestionar las prioridades o de tratar al equipo, sino que también configura respuestas ante situaciones de incertidumbre y cambio.
Desde distintas plataformas y conocimientos adquiridos a lo largo de una trayectoria que incluye instituciones de renombre como el IESE y Harvard, así como experiencia en el gabinete de la Presidencia del Gobierno, se ha podido constatar que las empresas más resilientes no son necesariamente las más visibles, sino aquellas que han logrado construirse sobre un sentido claro. Durante las próximas semanas, se explorarán ocho dimensiones vitales del liderazgo contemporáneo: el sentido, la soledad, la responsabilidad, la percepción del éxito, el trabajo vocacional, la empatía, la superación del ego y el legado.
La célebre afirmación de Frankl, 'Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo', resuena con especial fuerza en el entorno empresarial actual, caracterizado por la inestabilidad y la búsqueda de resultados inmediatos. Tras años de acompañamiento en procesos de sucesión y transformación, se concluye que el sentido, más que el éxito, actúa como el pilar fundamental que sostiene a quienes lideran.
La redefinición del propósito en grandes compañías
Un caso emblemático representa el cambio que experimentó Microsoft bajo el liderazgo de Satya Nadella, quien no solo ajustó la estrategia empresarial, sino que también transformó el propósito de la compañía en un compromiso por empoderar a individuos y organizaciones. Este enfoque no solo revitalizó el negocio, sino que también reestructuró la cultura interna, favoreciendo valores como la humildad y la apertura al aprendizaje.
Adicionalmente, Frankl nos recuerda que 'no se trata de lo que esperamos de la vida, sino de lo que la vida espera de nosotros'. Este cambio de enfoque resulta crucial para quienes ostentan cargo de responsabilidad. El arduo camino del liderazgo no solo se trata de acumular hitos, sino de responder a un llamado que puede manifestarse de diversas maneras: construir una organización más sólida, desarrollar talentos o contribuir al bienestar social.
Cuando el propósito se vuelve claro, muchas de las decisiones por tomar se simplifican, en contraste con la complejidad que surge en su ausencia, donde incluso los aspectos más minutarios se tornan en dilemas. Paul Polman, ex CEO de Unilever, es un defensor de que las corporaciones deben actuar como fuerzas para el bien. Su postura, lejos de ser idealista, presenta una estrategia sólida: las empresas con un propósito claro fomentan un mayor compromiso y, a mediano y largo plazo, resultados más favorables.
En esta misma línea, un líder que tiene claridad sobre su propósito se convierte en un referente que inspira confianza, en lugar de imponer control. En cambio, en un entorno donde la dirección carece de sentido, se incrementan la confusión y el desánimo. Por ello, el ejercicio de rememorar las motivaciones detrás de nuestra labor no es solo deseable, sino esencial en la práctica del liderazgo.
En recientes diálogos del pódcast 'El líder ante el espejo', José Ignacio Goirigolzarri, expresidente de Bankia y CaixaBank, subrayó que 'sin ejemplo es muy difícil que nadie te tenga como faro'. A su vez, enfatizó que el propósito debe ser el rumbo no solo para liderar, sino para toda la vida, centrándose en el finalismo de nuestras acciones. La reflexión invita a considerar que el propósito no es un eslogan corporativo, sino un proceso personal y en constante evolución.
Este concepto introduce una dimensión fundamental en el ámbito del liderazgo: la distancia entre lo deseado y lo realmente alcanzado. En cada etapa de nuestras trayectorias profesionales, es fundamental cuestionarse con honestidad: ¿cuál es el sentido detrás de mi liderazgo? Abrir este diálogo interno puede ser determinante para el desarrollo de un liderazgo auténtico y significativo.




